miércoles, 18 de abril de 2012

LA CORRECCIÓN Y EL CONSEJO

Por: Básima Informativo

 PROVERBIOS 19:20 “Atiende al consejo y acepta la corrección, y llegarás a ser sabio.”
 Si el error no existiera, no haría falta la corrección ni el consejo. Nadie nace aprendido y todos vivimos en un constante proceso de aprendizaje. Sólo un necio diría que ya no tiene más nada que aprender.
Aunque la sabiduría popular nos dice que “Nadie experimenta por cabeza ajena”, la experiencia de otros, transmitida mediante un consejo o una palabra de reprensión nos es muy valiosa para evitar caer en los mismos errores que otros han caído.
Es nuestro orgullo el que impide que las correcciones y los consejos que nos son dados puedan ser aprovechados al máximo y se puedan convertir en enseñanzas útiles que aumenten nuestro conocimiento y nuestra sabiduría. De hecho, el orgullo nos lleva a caer en necedad, pues sólo a un necio se le ocurre ignorar una sabia enseñanza.
La palabra de Dios nos dice: “El orgullo sólo genera contiendas, pero la sabiduría está con quienes oyen consejos” y  también nos recuerda que: “El que ama la disciplina ama el conocimiento, pero el que la aborrece es un necio.”
Cuando seamos corregidos o aconsejados no actuemos con orgullo, pensando que todo lo sabemos y que más nada nos hace falta.
Escuchemos con atención lo que se nos está diciendo y analicemos la enseñanza para determinar donde fue que nos equivocamos y cómo podemos utilizar la instrucción para mejorar nuestro comportamiento y desempeño.
Hacer lo contrario sólo logrará que nos hundamos más en nuestros propios errores e impedirá que podamos avanzar hacia la madurez espiritual; ciertamente seguiremos atrapados en nuestra necedad. Agustín de Hipona dijo: “Errar es de humanos, perseverar en el error es algo diabólico.” 
Aprovechemos la corrección y el consejo para que en vez de hacer lo que a nuestro enemigo le agrada, podamos hacer lo que verdaderamente le agrada a Dios. MMC
ORACIÓN: Padre Celestial, este día te ruego que quites de mí ese orgullo que me impide escuchar claramente lo que Tú me quieres decir a través de las correcciones y consejos que me dan.  Ayúdame Señor. Por Cristo Jesús, amén.

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